El milagro de cada año en Barahonda
Después del silencio del invierno y de los meses en los que aparentemente no ocurre nada, la planta despierta. Primero llega el lloro de la vid. Después, la brotación. Y ahora, casi sin avisar, aparecen los pequeños racimos verdes que algún día serán uva, vino y memoria. Es un proceso que sucede cada año y, aun así, nunca deja de emocionar. Porque en el fondo sigue teniendo algo de milagro. Que una planta aparentemente dormida vuelva a llenarse de vida. Que el paisaje cambie en apenas unas semanas. Que de